Boda en el Valle de Lecrín Granada. Moha y Lidia.Capricho y Destino.

Talará, que no Tralara, como suelo yo escribirlo, no es un capricho, Lidia me corregiría al instante si volviera a equivocarme orgullosa de su pueblo, meticulosa, ordenada y previsora. Moha apuesto elegante y amigo entregado.  Allí en esa Talará en esa mismas calles donde Lidia disfrutó su infancia.  En esa casa justo encima del taller mecánico de su abuelo, cochera, garaje, attelier de cristalera de hierro y suelos de terrazo,  herramientas, recambios,  y muchas muchas horas de trabajo y esfuerzo, había sido el patio de juegos de una niña soñadora.

La boda planificada con esmero desde Inglaterra, donde residen Moha y Lidia, planificada al detalle, todo preparado para que el capricho del Destino quisiera darnos un giro inesperado solo unos días antes de la fecha señalada. Un error, una duplicidad incompresible, un overbooking o cómo quieras llamarlo, quiero pensar que nadie se equivocó quiero pensar que fué el Destino caprichoso el que hizo cambiarlo todo en horas.

Miguel no tenemos sitio. imposible como?

No sabíamos que aquel desafortunado traspiés, solo había sido el inicio de una semana loca que culminaría en una boda tan íntima, tan suya y de los suyos que nadie pudo salir indemne de aquel día. Todos creo que comprendimos en instantes la magnitud de los sentimientos que allí vivimos.  Una charlas que suelo tener en cafés de pueblo como Ducál, Nigüeles, un anciano, veterano curtido en la labranza me regaló una verdad absoluta ” De como seas capaz de superar las dificultades, dependerá la forma en que vivas tú futuro” , destino.

El coche del abuelo, ese R4 ranchera alto de cabida y chapa que parece fraguada a mano, de los de palanca de brazo, cristales de corredera y triángulo abatible cuán aire acondicionado,  reconozco jamás vi coche más hermoso. EL lugar para la ceremonia , la casa a 100 metros de una amiga de la madre,  “el Molino del Marqués” repleta de historia,  Lorca amenizaba al piano los ilustres visitantes de aquella casa que conserva aún su instrumento, y sobre todo el lugar y los patios y jardines donde su madre había jugado de pequeña y su amiga ahora le devolvía el favor de esas horas compartidas.  Allí en aquel balcón a la sierra, en aquel patio pequeño repleto de limoneros, flores de mil colores, con un sol poniéndose precioso que no quiso perderse tal cúmulo de sensaciones, y con unos amigos apiñados casi como si un solo cuerpo se tratara, allí pudimos disfrutar de este enlace en un hemoso lugar inesperado , que no es otro que el maravilloso mundo creado por ellos mismo , el hogar de MOHA Y LIDIA.

Fotogafos: Miguel + Matías.

Boda en Talará, Valle de Lecrín